Los Bancos siguen ofreciendo a los consumidores otro de sus productos tóxicos, el denominado revolving.

Éste se comercializa como un préstamo o una tarjeta de crédito en que el prestatario, es decir, el consumidor, puede disponer de una cantidad de dinero que puede ir devolviendo a su ritmo, según sus necesidades. No obstante, la “trampa” está en que el cliente se va sobreendeudando, de forma que acaba pagando mucho más de lo que solicitó. Así, éste tan sólo puede huir de dicho bucle abonando, en un solo pago, todo lo que debe.

Esta cuestión ha sido tratada por el Tribunal Supremo en su sentencia de fecha 25 de Noviembre de 2015, entendiendo que:

  • Un crédito revolving con interés remuneratorio del 24,60% T.A.E es usurario.
  • El ser usurario provoca que el crédito sea nulo y que, por lo tanto, el consumidor deba abonar al Banco el dinero que efectivamente solicitó y recibió, así como la entidad financiera debe devolver al cliente la suma que exceda de la cantidad prestada.